Miedo a soltar

Es un día nublado acá en la costa de Chile, corre una brisa intensa y las gaviotas vuelan como si danzaran con las corrientes. No ha amanecido aún y es el minuto que elijo para sentarme a escribir sobre esto que ha estado tan presente en mi vida; el miedo a soltar.

 

Mi vida y no creo ser una vida demasiado especial, ha estado marcada por los apegos, por el miedo a hacer lo que justamente veo ahora que las gaviotas hacen con tanta gracia, entregar toda su existencia al viento, confiadas, disfrutando, encontrándose en esa danza.

 

He investigado sobre el apego y el psicoanalista Ingles y pionero en la teoría de los apegos, Bowlby, lo define como el lazo afectivo intenso que surge de cualquier conducta que busque generar proximidad con una persona importante. Puede ser la mirada, la sonrisa, los abrazos, el alimentar al bebe cuando lo requiere, es decir el apego tiene como objetivo la satisfacción de las necesidades básicas del bebe, darle seguridad, consuelo, protección para sentir que hay un lugar seguro donde volver. Básicamente estamos programados biológicamente para generar vínculos con otras personas, entonces entiendo que no todo en este apego es negativo.

 

Sin embargo existen distintos tipos de apegos y muchos de ellos no son tan saludables y si bien no me adentraré en su descripción (porque  existen destacados especialistas que lo pueden hacer mejor y con mucho mas autoridad y estudios, por cierto), desde lo que soy quiero compartirles mi reflexión sobre todo lo que ha significado y significa en mi vida asumir el miedo a soltar.

 

Desde muy pequeña recuerdo vivir con miedo, seguramente un miedo heredado involuntariamente por la vida de mis padres; miedo a Dios, miedo al castigo, miedo a que lo bueno terminara pronto, miedo a perderlo todo, miedo a no ser la mejor, miedo a no ser querida por mis propios méritos, miedo a ser simplemente yo! y ha sido un difícil peregrinar el mirarlos uno a uno a los ojos y aún con ellos, seguir viviendo.

 

Es muy difícil aprender a soltar y dejar ir, la mayoría de nosotros solemos aferrarnos a eso que tenemos, ya sea una persona, una situación, un sistema de creencias, recuerdos o emociones, nos da muchísimo miedo decir adiós, dejar eso que conocemos y salir a un mundo desconocido.

 

Lo mas curioso de esto, es que muchas veces eso a lo que nos aferramos tanto, es algo que no le suma nada a nuestra vida, al contrario, nos puede llenar de muchísimo estrés y ansiedad, nos cierra posibilidades e incluso nos hace daño.

 

Les confesaré una frase que marco toda mi niñez, casi como un credo religioso: “mejor diablo conocido que por conocer” y vamos a detenernos un segundo a mirar que significa esta frase y a ver como muchos , mas allá de querer aceptarlo conscientemente, la tenemos tan arraigada en nuestro interior.

 

Al decirla y sentirla estamos afirmando que preferimos quedarnos en un lugar que nos hace mal antes de salir al mundo y buscar aquello que nos llena, que nos impulsa a crecer y nos hace felices y todo por el miedo a salir de nuestra zona de confort – mientras las gaviotas desde mi balcón, se ven que siguen planeando grácilmente – y aunque el miedo no es el único que nos lleva a actuar de esta manera, también nos cuesta trabajo soltar porque muchas veces no confiamos en que hay algo mejor, pero sobretodo, no confiamos en que nos merecemos algo mejor.

 

Vamos a pensar en cómo se ve esto en una relación de pareja; Hay algunos momentos en  las relaciones en que las cosas simplemente dejan de funcionar y es ahí donde tomamos la decisión de seguir adelante o de decir adiós. El problema es que muchas veces esta decisión la tomamos desde un lugar de miedo y no desde un lugar de amor y cuidado.

 

Pensemos en esto sin juzgarnos : ¿Han habido relaciones en las que nos hemos quedado por miedo a la soledad?, ¿Han pensado que a veces es mejor estar en una relación que no nos hace feliz, que no estar en  ninguna? ¿Alguna vez se han quedado con alguien que no los llena, por miedo a no encontrar a alguien mejor?.

 

Probablemente respondimos a todo que si!, y esta bien!, eso no nos hace menos ni nos define como personas, los invito a mirarlo con empatía porque hay que entender que esto es lo que aprendimos creciendo, pero la ventaja de que sea algo aprendido es que también lo podemos desaprender.

 

Hoy podemos elegir hacer las paces con ese miedo y empezar a dejar ir lo que  simplemente no es, tomando como ingrediente secreto y principal para esta fórmula a la que denominamos como: aceptación.

 

Se trata de aceptar que esa relación no era para ti, que esa idea de negocio que intentaste no funcionó, que esa creencia que te ha acompañando por tanto tiempo te esta limitando. Claro que este proceso es doloroso!, pero acepta y siente este dolor, recuerda que es pasajero y que te va a enseñar un montón de cosas y que poco a poco se va a ir y te juro que se va a ir!, el dolor es tan permanente como nosotros lo permitimos y lo único que sabemos es que nada permanece.

 

Una vez que asumimos con coraje atravesar el duelo, nos va a estar esperando un mundo lleno de posibilidades, un mundo desconocido  que no es tan cómodo al principio pero que si te abres realmente a las nuevas oportunidades  te puedes llevar mas sorpresas de las que imaginas.

 

Así como les compartí la frase a la que me aferraba de niña como un estigma, así también les quiero compartir otra que he ido construyendo con amor, compasión y mucha ayuda de gente hermosa: No te conformes con menos de lo que quieres, necesitas y mereces por miedo a no encontrar algo mejor. Haz a un lado tu miedo y explora el mundo hasta que encuentres eso que realmente es para ti, eso que te va a llenar y hacer realmente feliz.

 

Seamos como las gaviotas, entregadas al viento, llenémonos de plumas, despeguémonos del suelo, volemos!.

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