Coherencia y gestión del estrés

Texto escrito por: Gloria Lobos

En la literatura científica, el término empleado para expresar la eficiencia es coherencia. Cuando nuestra conciencia se altera a causa del estrés, el cerebro no es coherente como tampoco lo son los pensamientos ni las creaciones de la mente.

Al contrario, cuando nos liberamos del estrés y entrenamos a nuestra mente a mantener la calma, nuestro cerebro nuevamente se vuelve creativo. Una analogía que me encanta es la del poder de la luz coherente, como la que emplean los láseres, es decir, el láser funciona de tal forma que los rayos de luz permanecen paralelos entre sí en lugar de avanzar en direcciones aleatorias y esta coherencia hace que el láser sea extremadamente potente. Por el contrario, la luz de una bombilla de 60 W, cuya luz no es coherente, puede iluminar levemente objetos situados a una distancia de entre 2 a 4 metros. Pero si organizas esos 60 W de luz en un láser coherente, será capaz de cortar el acero. Pues bien, la coherencia mental es algo muy parecido. Cuando nuestras ondas cerebrales son coherentes, los pensamientos que producen son enfocados y eficientes. Podemos dirigir la atención a los problemas, centrarnos en ellos, y resolverlos. Es por esta razón que el estrés (las ondas cerebrales beta alta, D. Church,2018) genera un cerebro no coherente que nos impide pensar adecuadamente.

Estamos aquejados por “niebla mental” que nos impide ver con claridad. Cuando esto sucede, se reduce el acceso a las capacidades aprendidas, al pensamiento racional, y somos incapaces de ser objetivos y considerar un problema en forma realista. El estrés puede producir una retirada del 70% de la sangre de los lóbulos frontales, centros cognitivos del cerebro y entonces el cerebro se comporta como un ordenador desconectado, lo cual afectará la productividad, el ambiente laboral, la calidad de vida en el trabajo (y fuera de él) y con certeza comenzarán los problemas de ausentismo debido a enfermedades resultantes de este estrés crónico, para el cual ningún ser vivo está adaptado.

Aquí entonces radica la importancia de enseñar a nuestros talentos, a administrar su tiempo, delegar, pedir ayuda cuando sea necesario, como también apoyar y motivar la implementación de actividades que los ayuden a gestionar el estrés. La gestión del estrés se puede entrenar a través de muchas técnicas que se lleven a cabo disciplinadamente, como por ejemplo: respiración consciente, meditación, ejercicios físico, yoga, alguna actividad recreativa, etc. Y por supuesto, descanso
periódico y sueño de calidad y en cantidad suficiente.

Escrito por Gloria Carolina Lobos

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